Pensaré habla (y siente) como práctica II

 

 

Este texto fue el resultado de una reflexión colectiva a partir de un texto académico publicado en un journal en inglés sobre nuestras prácticas cartoneras. Publicado sin habernos consultado previamente. Este texto nos pone a nosotras, colectivo Pensaré, como objeto de estudio. En primer lugar agradecemos la publicación del texto, pues nos ha permitido pensar, autocriticarnos y seguir caminando con nuestro andar particular. Por otro lado, desde nuestra experiencia, consideramos importante hablar de la posición de dominación de saber que se ejerce (y se ha ejercido) y no perder la oportunidad de aclarar afirmaciones hechas en dicho artículo.

**

Van surgiendo algunos discursos académicos, libros, tesis sobre las editoriales cartoneras y nosotrxs queremos, como cartonerxs que nos sentimos, aportar unas reflexiones que nos surgen después de detenernos a pensar en estos espejos deformantes que surgen en los procesos de investigación sujeto-objeto y en la dimensión del pensamiento hecho desde el nosotras que quiere mirar al lado y adentro. Estos discursos nos han sido útiles al señalar cuestiones concretas que nos sirvieron para reflexionar, encontrarnos y re-pensar nuestra práctica. Sin embargo, encontramos sedimientos peligrosos, que la avalancha teórica del sistema actual de conocimiento siempre trae y que quisiéramos cuestionar. El derrumbe constante ejercido desde arriba a veces no aporta al quehacer cartonero, sino que va sembrando minas en espacios donde lo importante es potenciar la fertilidad.

Así, decidimos compartir nuestra reflexión para que pueda servir, por un lado, de espejo y reflexión en las relaciones entre Academia y Cartoneras que parece que ahora van en aumento. Por otro lado, creemos que esto es sólo un ejemplo más de cómo las relaciones de investigación (sujeto de conocimiento – objeto de estudio) deben ser cuestionadas de manera profunda. Creemos también que en muchos casos -quizás en este- estas relaciones acarrean consecuencias sobre cuerpos concretos, sobre relaciones sociales más amplias y fomentan el sistema jerárquico de opresiones ya en juego.

Lo que la academia genera, si se quedara -como parece muchas veces sucede- en ese espacio endogámico de intercambio y carreras profesionales, podría ser inofensivo o completamente inútil. Sin embargo, parece que quizás eso no se queda simplemente ahí. La academia es también un dispositivo de producción de conocimiento jerárquico, por lo tanto de un imaginario y de unas formas de leer-sentir el mundo. En esta producción nos parece evidente la posición colonial de la academia, y dentro de ella, los privilegios que arrastran las academias de contextos anglosajones. En general, las de aquellos territorios que están guiados por un sistema, una jurisdicción y unas normativas implantadas (cuando no impuestas) desde los centros de poder hacia otros espacios y cuerpos.

Es común la escritura que niega la presencia del sujeto que investiga y que pretende tomar su propia interpretación como un hecho. La posición del investigador/a es la aparentemente no marcada: no tiene la marca de la diferencia sino de la verdad. La pretensión de verdad objetiva surge cuando se borra, se invisibilliza el lugar desde el cual habla aquel/la que construye el sentido de los hechos. La academia busca la incoherencia de lxs demás y la señala. Pero no es la academia como ente abstracto, sino las personas que la sustentan y reproducen a través de sus quehaceres académicos, obviando su propia posición para no asumir la tensión propia de vivir en el mundo. Nuestra posisción es de entender y vivir en esa tensión, abandonar el lugar que se nos ha otorgado como personas que han atravesado y sido de-formadas por las academias.

Como Pensaré no somos objeto de estudio, queremos y podemos pensar desde el nosotrxs.

Tenemos un ritmo propio, estamos en proceso, en construcción constante. Vamos generando en la práctica el lugar que queremos habitar, la posición hacia la cual nos inclinamos desde la experiencia de nuestro hacer. Sin apriorismos ideológicos (que habitan solo en la cabeza y no en el cuerpo). Hemos ido construyendo un ecosistema en el que vivimos, dando vueltas de aproximación hacia un lugar apuntado por las decisiones tomadas, cada vez con más energía y aprendizajes acumulados para poder enunciar nuestro discurso, para poder situarnos con mayor sentido. Es a través de la convivencia, las visitas, las relaciones con la Academia ( y los académicos), nuestras compañeras diversas (cartoneras y no cartoneras), los límites fronterizos en los que hemos transitado, los conflictos, las críticas, los nuevos proyectos que pensamos y soñamos juntxs que vamos definiendo-nos y nombrando-nos.

Es sobre este espacio de construcción y creación en el que ahora estamos sembrando desde la esperanza, que sentimos reconocer y queremos señalar prácticas que abren-posibilitan y prácticas que cierran. Desde aquí, tememos las posturas lineales y duras, así como los límites de la escucha que nos pone el Ego. En cambio, nos gustan las personas, las orejas, las asambleas, los trayectos y las posturas curvas. Creemos que las críticas desde la academia, que se posicionan neutrales y buscan las incoherencias como mecanismos para deslegitimar, son discursos de poder que cierran el paso a la vida. Estos mecanismos se construyen desde posiciones que, quizás por miedo a la pérdida – hemos aprendido a sentir también que quien pierde encuentra- se aferran a privilegios concretos y acaban generando tensiones hacia las prácticas de apertura. Cuando estas prácticas se dan desde posiciones cercanas se someten a un mayor escrutinio y control, derivando en una tensión personal que lleva a la necesidad de la persecución con pretensiones científicas (a veces a través de la acumulación primitiva de notas al pie). Que acaba exigiendo más coherencia de la que se puede tener. Se genera una dinámica de poder en la que la pluma tiene el rol de dominación-decir la verdad, creando un arriba frente a un abajo con unas ideas hechas-practicadas-rectificadas-sentidas y emanadas de la práctica cotidiana.

Nuestro abajo no es el abajo de otros, no representamos a nadie más que a nosotrxs, pero sí dedicamos esfuerzo para poder colocarnos al lado de muchxs.

La tensión es para nosotrxs imprescindible, el conflcito es vida: nos permite encontrar maneras de vivir, no lo rechazamos, lo abrazamos y lo enfrentamos. Se trata de imaginar, precisamente, como ese cartón olvidado podría ser una herramienta.

No nos pensamos en una tensión entre ser de aquí o de allá. No queremos adoptar la dualidad occidental que se nos trata de imponer de forma caricaturesca. Queremos atravesar esta forma de posicionarnos. No queremos ser subalternos de los hegemónicos que vendrán luego a renovar el catálogo de prácticas de dominación. Tampoco queremos renovar los discursos con un nuevo “giro” pseudo-anti-lo-de-antes para ponernos nosotras. Cuando pensamos y sentimos que tenemos que decolonizarnos, entendemos una posición histórica de reconocimiento y una voluntad autocrítica constante. Entendemos que el sur o el abajo son unos territorios y también unas formas de vivir el cuerpo con sus prácticas, una actitud. Necesitamos traspasar este diálogo cerrado entre reforma o revolución/ privilegiado-descolonial y entender como funcionan los puentes. Pensamos que las cartoneras pueden hablar y lo hacen con discurso y como práctica: nosotras editamos para estar entre.

Creemos que somos mestizas y reinterpretamos las tradiciones a nuestra práctica, a nuestras relaciones personales. Ni dentro ni fuera. De la academia recuperamos y resignificamos lo que nos sirve, tendemos puentes para intentar reventar fronteras, expandir los límites y generar grietas. Estamos atravesadxs por realidades contradictorias, crecimos con la imposibilidad de situarnos, siempre posicionándonos. Ahora estamos apenas aprendiendo a orientarnos. Las cartoneras también surgen en un espacio intermedio con el cual nos identificamos. Nos situamos ahora como un puente, entre (Nepantla), incómodos, funambulistas de hilos en redes afectivas. Nuestra cartonera es un cúmulo de vínculos que nos atraviesan, no un montón de papeles que certifican nuestra posición. La voluntad es la de conectar con el mundo, comunicar con nuestras familias (de sangre y de vida), descentrar lo que imaginamos que puede ser un libro (hilos, imágenes, teatros,… la realidad es más compleja que un libro).

El margen es esa frontera que habitamos como espacio simbólico, no una marginalidad que refiere a la idea de subalternidad o de poblacionces “vulnerables, en riesgo de exclusión, marginales” o cualquier otro calificativo que se imponen para describir el mundo fragmentado en clasificaciones y categorías. El margen es ese lugar que no se acomoda, que tiene posibilidad de transformarse con otrxs. Nunca cerrado. Pensaré Cartoneras explora -con el cartón, los textos y las prácticas- recorridos diversos para resignificar lo escrito, vincular-nos para transformar estas realidades inhóspitas y excluyentes.

La pregunta sobre quién habla es importante cuando intentamos visibilizar posturas de partida, las experiencias desde las que se nombra; o bien, en circuitos de poder para dar soporte a la palabra, legitimar o descartar reflexiones y prácticas. Cuando nos situamos a lado de nuestras compañeras esto es importante sólo para re-conocernos. Para nosotrxs personalizar sirve sólo para enucniar las experiencias y los cuerpos desde los que nos nombramos, buscamos en general no individualizar, hacernos en colectivo, entendernos relacionales, con nuestrxs compañeras y no desde ese yo omnipotente occidental. No somos nombres propios. Hablamos con una voz que es múltiple. Los recorridos e historias varias que nos van atravesando nos enriquecen, van construyendo y lo siguen haciendo quienes estuvieron y ya no están. Quienes no han sido nombrados pero que están recogidos en esta experiencia colectiva que es Pensaré.

Pensar la edición cartonera para nosotrxs es pensar una práctica concreta que nos ha atravesado en estos últimos años. Pensarla, nombrarla como práctica descolonial es entender lo concreto de la elaboración, con las manos, de unos libros que dicen por su materialidad ya unas historias, ya unas manos, ya unas intervenciones. Es escuchar una potencia del cartón y de sus posibilidades de transformación. Escuchar sus límites, sus senderos como soporte y refugio de historias varias provenientes de memorias largas o emergentes. No entendemos una única genealogía, ni la consagración de un hacer cartonero inequivoco, unidireccional. Pensar la edición cartonera es pensar múltiples historias y múltiples posibilidades siempre arraigadas a un contexto, a unos territorios y a unas memorias. La cartonera como tal no es más que lo que se haga de ella, el cartón no es otra cosa que una posibilidad si hay oidos que así lo escuchan y manos que ante eso responden.

De esta manera el cartón puede ser algo o puede ser nada. No nos asegura la subalternidad ni nos protege per sé del agujero mercantilista. Pero sí es cierto que su materia nos cuida de algunas cosas al hacernos locales, es decir, al darnos límites a nuestros territorios.

Pero de nuevo volvemos a la práctica que cada uno de nosotros vive y nos acordamos de lo frágiles que son las potencias -como el cartón. Potencias que abrimos viviendo pero también cerramos viviendo. El paso del camino requiere hoy más que nunca estar atentas a lo que vivimos. Y es por esto que ante discursos imposibilistas que buscan en la tensión y la contradicción de nuestra existencia una manera deslegitmiar decidimos responder.

Creemos que la reflexión sobre la edición cartonera viene necesariamente de una práctica cartonera, pues esta se construye mientras se anda. Esta reflexión desde la práctica abre a pensar también sobre los mundos, los contextos, las luchas, nuestro hacer cotidiano, nuestras formas de relacionarnos y construir mundo. Otro tipo de relación provendrá de la colaboración sincera entre estos varios mundos.

El tema económico es otro punto que creemos es importante pensar no sólo desde lo personal sino como un tema político y colectivo. Enunciemos lo obvio: en este mundo utilizamos el dinero. No cultivamos el purismo y la coherencia que le preocupa a los estudiosos. Entender el capitalismo como una calamidad no nos otorga ningún poder para vivir al margen del dinero, y necesitamos trabajar para obtenerlo, sin complejo por estar usándolo, venimos de donde venimos y estamos donde estamos. Apuntamos hacia la autogestión de nuestro colectivo; es decir, de nuestras vidas. En este proceso hemos experimentado, inventado e intentado de maneras diversas acercarnos poco a poco a esta autogestión que pensamos como posicionamiento político. El recorrido es largo pero las fuerzas se multiplican. Nuestras vidas están puestas en ello. Nos acompañamos con quienes estamos en ese recorrido sin hacer de este tema central para validar o deslegitimar prácticas.

Entendemos que hay ejemplos concretos de esfuerzos por hacer prácticas desde la academia que abren el discurso. Valgan algunos ejemplos que nos vienen rápidamente a la memoria: el de nuestra compañera Beatriz Arranz (Aida Cartonera) con su trabajo “Fuerza Cartonera!” o el de Aurelio Meza (Kodama Cartonera) con su propuesta de genealogía cartonera. Dos ejemplos de pensamiento hecho desde las prácticas cartoneras y no sobre-encima de éstas.

Creemos que es importante este énfasis en el pensamiento del nosotrxs para desocupar las posiciones de control, para dejar de objetualizar las prácticas y efectuar operaciones de extracción, despojo y captura de las fuerzas (y las potencias) cartoneras. Si una cosa ejemplifica la práctica de las cartoneras es su voluntad de no-homogeneidad. Si una cosa ejemplifica la práctica de La academia es precisamente lo contrario: la voluntad de reducir a categorías la diversidad (un primer paso para seguir ejerciendo estructuras de dominio y despojar de todo lo que tiene de vivo). También, la extraña predilección de la academia para proyectar juicios o “ideas propias” elaboradas previamente sobre “casos de estudio” que pasan a segundo plano frente a la genial “tesis inicial”.

Como Pensaré queremos seguir tejiendo con nuestra labor editorial resistencias sin mediar con las empresas de la comunicacion, construir mundos con nuestras manos y en nuestras palabras, lenguas y oidos.

Queremos extender nuestro ánimo a las cartoneras que van por bajo, trabajando subsuelos y praticando alternativas. También extender una invitación a seguir generando más espacios de reflexión para nosotras, de auto-organización y autogestión de las formas de vivir/escribir/sentir el mundo. Un grito que viene de la recuperación misma del cartón.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s